POEMAS LUNFA
que alguna vez escribí allá... no sé dónde
LEGADO FRATRICIDA
Reinaba,
hacía capote, el turco troglodita,
pura
joda, los garcas festejaban,
y
la mersa, pelotuda, mita y mita,
otra
vez, ¡de nuevo! lo votaba...
Los
milicos, fieras pa’l choreo
salían
de la jaula, “perdonados”,
y
los chorros de avería aullaban feo:
“nosotros
acá adentro, y ellos indultados…”
Engrupido
por los sabios de la rosca,
broncás
sin protestar, te quedas mosca.
Es
así la grasa en nuestro suelo,
Te
la dan bien debute por el mate,
esto
es apenas una muestra, agarráte,
que
cualquier día sos fiambre en el riachuelo.
Febrero de 2002
No hay caso viejo...
El
tren de tu historia pasó rápido,
y
vos todavía en la estación,
saludando
a un fantasma peregrino:
hasta
tus ilusiones cargó el furgón de cola.
Sin
embargo, parado en el andén,
en
esa pálida tarde de otoño,
podés
morder una tajada de esperanza,
porque
estás vivo a pesar de la partida,
porque
el más puto ayer no inclina
necesariamente
la balanza
hacia
ese negro destino inevitable.
Hay
caso viejo...hay caso...
Porque
aunque caigas en tu vieja trampa
de
pensar en blanco y negro,
afuera
hay color y hay nueva brisa,
y
a la estación un nuevo tren arriba,
aunque
vos sigas saludando al que se fue
otro
vendrá, tal vez destartalado,
medio
en banda, medio cachuzo...
Dale
bola, mordé fuerte,
rechiná
los dientes, puteá, maldita sea,
que
igual te llevará hacia las estrellas...
29/8/96
de madrugada
Dedicado
a Luis Manfra, con quien comparto este tren.
Quisiera
escribir el verso más turro,
ese
que muestre la mugre renegrida
de
un callejón retorcido de recuerdos retorcidos,
de
un subibaja hijo de puta
que
destiñe sobre mí su turra tinta pegajosa.
Metejoneado
con tu propio desatino,
con
tus ganas traicioneras de cualquier cosa,
cualquier
cosa conseguiste, y la factura
llega
firme, turbia, negra y rosa,
y
hasta gris, la hija de puta.
De
todos los colores, ahí la tenés,
tomá,
boludo, empapate de tu terca porquería,
desasnate
con un buen balurdo en el marote,
y
preguntate, minuto por minuto,
por
qué mierda te metiste, si sabías...
Ahora...¿ahora
qué? pedazo de gil de lechería,
jodete,
matate, tirate al río, a la bartola.
Seguí
soñando esa quimera de mentiras,
volvé
a meterte, pelotudo,
que
el cementerio espera giles a la gurda.
...en
la madrugada del 14/8/96
Piantado
como un viento
que
no viene de ninguna parte,
como
el sol que se puso
cuando
menos lo esperaba,
como
un curda adormecido
en
la agridulce trampa del alcohol,
así
te quise...
Creyendo,
como el flaco Spinetta,
que
sólo el tiempo lava las heridas,
me
zambullí de lleno, una y otra vez
en
el vano intento de intentarlo todo.
Y
aquí estoy... solo,
paladeando
ácidamente el desencuentro.
Como
un reo a la sombra,
fumando
el faso del hastío,
entre
las rejas de mi propia cárcel,
encadenado
a un muro inasible,
el
de mi propia y terca redundancia.
24 de agosto de 1996
El
tipo va solapa por la vida,
no
lo pianta el chamuyo de los giles,
con
vento o sin vento, se caga
en
los bolazos del casorio, la familia y el jotraba.
Con
varios garrotazos en el bocho,
la
carbura, la maneja, se hace el gil
pero
la tiene rejunada:
no
se revienta el mate con pavadas.
Escucha
estoicamente y con paciencia
los
fuegos de artificio de los grasas,
se
los pasa por el orto,
con
la clase que le otorga un cuore nómade.
De
metejones, un troesma,
a
las minas no promete nada,
basta
que le alcance para un polvo
que
no le haga decir “te quiero, vida mía”.
Y
mientras ve a los cosos puteando por la jermu,
por
la suegra, por la guita, por los pibes
y
por toda la tragedia ciudadana,
el
quía va tranquilo: va solapa.
13/9/96,
de madrugada






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